Primera parada: Segovia
Nos alojamos en la Pensión Loli (in the Lolis´s Pension). Un lugar acogedor y muy… ¿hermético?
Abrías la ventana y la vista era un precioso muro finalizado con un montón de piedras sueltas. Con cuidado la cerrabas, pensando que una pequeña turbulencia desprendería una piedra de ese muro y caería sobre tu cabeza. Pero la volvías a abrir porque lo mejor para la supervivencia era ambientar.
Con nuestros enseres en las habitaciones, decidimos visitar los bares de la ciudad. Entre caña y caña, y entre risas, nuestros bolsillos amarraban fuertemente las monedas, por lo que nos fue imposible deshacernos de algunas. Casi con la cena nos pasó lo mismo.
De regreso al hogar esporádico, nos dimos cuenta que nos faltaba una chispa de alegría, y entre flores de loto y demás posturas de Yoga, nos chispamos con nuestro Brugal.
Por la mañana, éramos 4 personas con una vivencia (o unas cuantas) más, desayunando bollitos recién hechos, y seguidos con premeditación y alevosía por un grupo de despedida de soltero.
Salamanca nos espera!
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